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Los niños en edad escolar dedican a la lectura más del 80% del tiempo que pasan en el colegio (Getman, 1992).

La participación de la visión en las actividades de lecto-escritura ronda el 90% de toda la información que recibe el cerebro. Por consiguiente, es más que evidente que para una escolaridad sin problemas el niño necesita de una buena visión.

Pero, ¿qué se entiende por buena visión?

Podríamos resumir en diez las habilidades visuales necesarias para la lecto-escritura:

Movimientos de seguimiento o habilidad para seguir con los ojos, de forma suave y precisa, objetos en movimiento.

  1. Movimientos de fijación que permiten dirigir la mirada, de forma rápida y precisa, de un objeto a otro. Son los movimientos característicos que se producen durante la lectura.
  2. Flexibilidad acomodativa. Es la destreza visual para variar el enfoque de los ojos, observando desde lejos a cerca o viceversa, sin experimentar visión borrosa.
  3. Visión en relieve o estereopsis. Es la capacidad de ver en tres dimensiones.
  4. Campo visual. Es la habilidad de percibir objetos situados alrededor de un punto al que se mira directamente. Permite interpretar lo que está ocurriendo alrededor mientras se atiende a una tarea central específica.
  5. Binocularidad o sincronización eficiente en el funcionamiento de ambos ojos y, en especial, capacidad de convergencia y divergencia del sistema visual, según se dirija la mirada hacia un objeto cercano o lejano, respectivamente.
  6. Atención. Es la habilidad para realizar una actividad de manera continuada.
  7. Agudeza visual. Permite ver con nitidez objetos o símbolos que se encuentran cerca (agudeza visual de cerca), lejos (agudeza visual de lejos), fijos (agudeza visual estática) o en movimiento (agudeza visual cinética).
  8. Memoria visual. Capacidad para reproducir estímulos visuales después de haberse producido.
  9. Visualización. Destreza para formar imágenes mentales, retenerlas o almacenarlas en la memoria para futuras demandas.

Todas y cada una de las habilidades visuales mencionadas son necesarias para un buen rendimiento escolar y deber ser evaluadas mediante test específicos apropiados a cada edad.

Las pruebas visuales tradicionales sólo valoran la agudeza visual (la típica carta de letras situada a unos metros de distancia), a pesar de que diversas investigaciones demuestran que alrededor del 70% de los niños con problemas escolares asociados a la visión tienen unos ojos sanos y una agudeza visual dentro de los límites normales (Seiderman y Marcus, 1991).

Ante esta realidad, la concepción de “buena visión” como sinónimo de “buena agudeza visual” es claramente insuficiente. Entre los profesionales distinguimos “buena vista”, cuando la agudeza visual está dentro de los límites normales, y “buena visión” que implica el funcionamiento de todas las habilidades visuales descritas.

Ahondando algo más en los movimientos de fijación, es decir, aquellos movimientos oculares que se producen durante la lectura, tenemos que decir que existe una relación directa entre las dificultades lectoras y el movimiento ocular. De hecho, la movilidad ocular tiene gran importancia por su relación directa con la lectura y las tareas motoras finas como pueden ser escribir y dibujar.

Los movimientos oculares permiten al lector-estudiante que los ojos:

  • Trabajen de manera conjunta a lo largo de una línea de letras impresas en un libro.
  • Que vuelvan de forma rápida y precisa a la línea siguiente.
  • Que pueden realizar cambios rápidos del pupitre a la pizarra.

Cuando la lectura es más sofisticada, el control óculomotor es importante para mantener el ritmo, evitar las omisiones, sustituciones y/o regresiones.

Diversos estudios determinan que el 99% de los niños con dificultades de lectura tienen problemas de motricidad ocular.

Esto nos lleva a la conclusión de que los movimientos oculares son los primeros responsables de que la imagen llegue al ojo y caiga en la retina central durante la lectura.

Al comenzar a leer es preciso tener en cuenta esta habilidad, puesto que una disfunción a este acarreará dificultades en los demás procesos visuales implicados.

Pero, ¿cómo se produce el proceso de lectura a nivel visual?

Para leer se utiliza la memoria visual inmediata y para recordar lo leído la memoria visual a largo plazo. Las letras y palabras se perciben como “pedazos” de información. Cuando hacemos un barrido, lo que procesamos son pedazos de información. Observamos líneas y círculos que luego son procesados en el córtex cerebral.

Una vez se han recogido estos retazos de información, existe un fragmento visual y lo que se produce es una unión con el fragmento del lenguaje.

Por ejemplo, miramos la palabra “MESA”. Hemos aprendido las letras y la habilidad para reconocerlas y entonces decimos la palabra “MESA”, bien en silencio o en voz alta. Por lo tanto, se ha producido la unión del fragmento auditivo y el visual.

Si el fragmento visual llega distorsionado, puede desencadenar un fragmento de lenguaje diferente o incorrecto.

Por ejemplo, si “MESA” es visto como “PESA”, desencadena un fragmento de lenguaje diferente mientras se lee, a la palabra no le encontraremos mucho sentido y tendremos que releerla (movimiento de regresión). Hacer esto muchas veces termina en un problema de ineficacia en la lectura.

Los movimientos oculares durante la lectura se controlan de la siguiente forma:

  • Sistemas de búsqueda (retina periférica). La retina periférica nos indica dónde tenemos que mover los ojos y cuando llegamos al final de un párrafo sabremos que tenemos que dar un “salto” hasta el siguiente renglón.
  • Los espacios entre letras, palabras y líneas. Una de las partes importantes para guiar la búsqueda periférica es el espacio entre palabras. Cuando este espacio es pequeño, parece que las palabras están juntas y tenemos que leer más despacio. La razón es que son estos espacios realmente los que guían al sistema periférico.
  • Duración de la fijación. Cuando el ojo mira directamente las letras, tiene la imagen enfocada en la retina central (fóvea), que es donde existe la mejor agudeza visual y se perciben con nitidez los detalles de las letras. Durante las pausas de fijación, se adquiere la información a partir de la sección relevante del texto. La extensión de esta sección, medida normalmente en número de letras, se llama amplitud perceptiva (número de letras que se perciben en una fijación).

Tendremos que fijarnos en los síntomas de un mal movimiento ocular y, de este modo, intervenir para contribuir a la mejora lectora. Estos síntomas son:

  • Mover la cabeza al leer.
  • Saltarse de línea al leer.
  • Usar el dedo para seguir la lectura.
  • Mala comprensión lectora.
  • No le gusta leer.
  • La lectura se hace muy lenta.

 

Angélica Baeza Veracruz

Neuropsicóloga