¿Qué se puede hacer con los niños que fracasan por falta de habilidades de enfrentamiento, y qué para eliminar su frustración, sus rabietas, el que golpeen a otros niños, el que digan palabrotas, el que fastidien,…y qué se puede hacer para que no sufran innecesariamente por su inhabilidad para controlar sus impulsos…?

La Modificación de Conducta ha desarrollado numerosas técnicas que se ocupan de estos problemas. Típicamente estas técnicas consisten en el uso sistemático de refuerzos y castigos presentados contingentemente a la conducta.

Esta nueva técnica: la técnica la de la Tortuga, difiere de otras técnicas de Modificación de Conductas en que está basada en el “auto-control” y no en el control externo de la conducta disruptiva. Se puede enseñar al niño a controlar sus propias conductas disruptivas en lugar de que externamente se le controle. Se cree que el autocontrol es preferible al control externo porque:

  1. Es más fácil de enseñar y administrar.
  2. Tiene más efectos a largo plazo.
  3. Es una habilidad que se precisa para vivir en nuestra sociedad.
  4. El niño está aprendiendo a coger responsabilidades por sí mismo y a ser independiente.
  5. Se le enseña a expresar y ejecutar sus necesidades de una forma apropiada.

 

¿En qué consiste la técnica de la Tortuga?

Esta técnica utiliza la analogía de la tortuga, la cual como bien se sabe, se repliega dentro de su caparazón cuando se siente amenazada.

De la misma manera, se enseña al niño a replegarse dentro de su caparazón imaginario cuando se sienta amenazado, al no poder controlar sus impulsos y emociones ante estímulos ambientales, etc. En la práctica:

  • Se enseña al niño a responder ante la palabra clave “tortuga”, encogiéndose, cerrando su cuerpo, metiendo la cabeza entre sus brazos.
  • Después de que el niño ha aprendido a responder a la tortuga, se le enseña a relajar sus músculos mientras hace la tortuga. La relajación es incompatible con la elevación de la tensión de los músculos necesaria para mostrar una conducta disruptiva/agresiva y, por tanto, decrece la probabilidad de la ocurrencia de esta conducta.
  • Enseña al niño a utilizar las técnicas de solución de problemas para evaluar las distintas alternativas para manejar la situación que le ha llevado a hacer la tortuga.

 

Expresión de sentimientos

La técnica de la Tortuga puede ayudar a los niños a aprender a expresar sus sentimientos. Cuando un niño impulsivo da golpes sin mirar a quién, puede estar expresando una emoción legitima, pero de una forma inadecuada y las consecuencias que se derivan de su acción pueden ser negativas para él y/o para los otros. Con la técnica de la Tortuga se enseña al niño a canalizar la expresión de sus emociones de una manera apropiada.

 

La naturaleza de la conducta disruptiva

Antes de describir cómo es la técnica de la Tortuga, se va a tratar de la conducta disruptiva en general. En la clase la conducta más inapropiada toma la forma de peleas, golpes, hablar demasiado, burlas, mandar a los otros, tener rabietas, no atender al profesor, entre otras. Los niños no muestran conductas disruptivas por que sí. Ellos actúan inapropiadamente porque hay un refuerzo por hacer eso. Típicamente, se les presta atención por hacer esas interrupciones, y esto sirve como consecuencia reforzante.

Algunas veces parece que el niño disruptivo disfruta con esas reprimendas; en estos casos la atención puede ser un refuerzo para su conducta disruptiva. La Modificación de Conducta, basándose en ciertos estudios con niños de todas las edades, ha puesto de manifiesto que la mirada de los padres o profesores puede llegar a convertirse en un refuerzo de la conducta disruptiva, haciendo que aumente ésta de forma considerable, así, los papás o profesores inadvertidamente puede estar provocando en la conducta del niño el efecto contrario del que él mismo desea.

 

Los efectos de La Tortuga en el amor propio

El dominio de la técnica de autocontrol puede también alentar la autoestima o amor propio de los niños por diversas razones:

  1. Son ellos quienes están aprendiendo a controlar sus propias conductas sin tener un agente externo que lo haga.
  2. No se perciben por más tiempo como “malos” y reciben feedback positivo.
  3. Tienen sentimientos más adultos porque están usando Solución de Problemas, en vez de dar rienda suelta a sus impulsos.

 

La historia que le contamos al niño

“Antiguamente había una hermosa y joven tortuga, tenía (…los años que tenga el niño) y acababa de empezar el colegio. Su nombre era Pequeña Tortuga. A ella no le gustaba mucho ir al Cole, prefería estar en asa con su hermano menor y con su madre. No le gustaba aprender cosas en el colegio, ella quería correr, jugar… era demasiado difícil y pesado hacer fichas y copiar de la pizarra, o participar en algunas de las actividades. No le gustaba escuchar al profesor, era más divertido hacer ruidos de motores de coches que algunas de las cosas que el profesor contaba, y nunca recordaba que no los tenía que hacer. A ella, lo que le gustaba era ir enredando con los demás niños, meterse con ellos, gastarles bromas. Así que el colegio para ella era un poco duro.

Cada día en el camino hacia el colegio se decía a si misma que lo haría lo mejor posible para no meterse con ellos. Pero a pesar de estos mensajes que se daba, era fácil que algo o alguien la descontrolara, y al final siempre acababa enfadada, o se peleaba, o le castigaban.

“Siempre metida en líos” pensaba: “como siga así voy a odiar al colegio y a todos.” Y la Tortuga lo pasaba muy, pero que muy mal. Un día de los que peor se sentía, encontró a la más grande y vieja Tortuga que ella hubiera podido imaginar. Era un vieja Tortuga que tenía más de trescientos años y era tan grande como una montaña. La Pequeña Tortuga le hablaba con una vocecita tímida porque estaba algo asustada de la enorme tortuga. Pero la vieja tortuga era tan amble como grande y estaba muy dispuesta a ayudarla: “¡Oye! ¡Aquí!” dijo con su potente voz, “Te contaré un secreto: ¿Tú no te das cuenta que la solución a tus problemas la llevas encima de ti?”. La Pequeña Tortuga no sabía

de lo que estaba hablando. “¡Tu caparazón!” le gritaba “¿para qué tienes tu concha? Tú te puedes esconder en tu concha siempre que tengas sentimientos de rabia, de ira, siempre que tengas ganas de romper, de gritar, de pegar…Cuando estés en tu concha puedes descansar un momento, hasta que ya no te sientas tan enfadada. Así, la próxima vez que te enfades ¡Métete en tu concha!

A la Pequeña Tortuga le gustó la idea, y estaba muy contenta de poder intentar este nuevo secreto cuando sintiera enfado.

Al día siguiente ya lo puso en práctica. De repente un niño que estaba cerca de ella accidentalmente le dio un golpe en la espalda. Empezó a sentirse enfadada y estuvo a punto de perder sus nervios y devolverle el golpe, cuando, de pronto recordó lo que la vieja tortuga le había dicho. Se sujetó los brazos, piernas y cabeza, tan rápido como un rayo, y se mantuvo quieta hasta que se le pasó el enfado. Le gustó mucho lo bien que estaba en su caparazón, donde nadie le podía molestar. Cuando salió, se sorprendió de encontrarse a su profesor sonriéndole, contento y orgulloso de ella.

Continuó usando su secreto el resto del año. Lo utilizaba siempre que alguien o algo le molestaba, y también cuando ella quería pegar o discutir con alguien. Cuando logró actuar de esta forma tan diferente, se sintió muy contenta en clase, todo el mundo le admiraba y querían saber cuál era su mágico secreto”.

 

Racionalización para la relajación muscular

Durante la práctica de la Tortuga se introduce la relajación con una explicación a través de la siguiente historia:

“La Pequeña Tortuga iba a la escuela cada día más contenta, y se introducía dentro de su concha cada vez que otros niños le pegaban, le insultaban, le rayaban su hoja, o cuando ella se encontraba rabiosa, enfadada sin saber muy bien el motivo… Su profesor estaba muy contento y le animaba a que lo siguiera haciendo y a veces le premiaba. Pero la Pequeña Tortuga, en ocasiones, tenía sensaciones de enfado o rabia, o se encontraba mal después de que se metiera en su concha y aunque se quedara allí no desaparecían. Ella quería ser buena, llevarse bien con sus compañeros, obtener el premio que a veces le daban, pero los sentimientos de enfado en ocasiones eran muy fuertes y le tentaban diciéndole: “Pequeña Tortuga, ¿por qué no le devuelves el golpe cuando el profesor no te está mirando y te quedas ahí tan tranquila,…?” La Tortuga no sabía qué hacer, estaba muy desconcertada. Ella quería meterse dentro de su concha, pero estos sentimientos de enfado la tentaban a portarse mal.

Entonces, recordó a la vieja y sabia Tortuga que la había ayudado hacía tiempo. Antes de ir a la escuela corrió a la casa de la enorme Tortuga, se lo contó todo y le preguntó qué podría hacer. Le dijo: “tengo sentimientos de enfado en mi estómago después de meterme en mi concha. Los sentimientos me dicen que pegue, pero yo no me quiero meter en líos, ¿Qué puedo hacer para detener mis sentimientos de enfado?”

 La Tortuga más sabia de las sabias Tortugas de la ciudad, que tenía la respuesta, sacudió por un momento su cabeza, se quedó un rato callada, y entonces le dijo a la pequeña Tortuga: “Cuando estés dentro de tu concha, relájate, suelta todos tus músculos, y ponte en situación como si te fueras a dormir, deja que tus manos cuelguen, relaja tus pies, no hagas nada de fuerza con tu tripa, respira lenta y profundamente, deja ir todo tu cuerpo y los sentimientos de enfado también se irán… piensa en cosas bonitas y agradables cuando te estés relajando. Si no te sale yo le diré a tu profesor o a tus papás que te enseñen.”

 

Relajación:

Fase I: tensar y soltar

Para la primera fase del entrenamiento en relajación, después de contar la historia introductoria, se instruye a los niños primero a tensar los músculos lo más fuerte que puedan fijándose en las sensaciones que se notan con esos músculos tan tensos, y después que los suelten de repente, y que se fijen bien cómo va desapareciendo la tensión y lo bien que se van quedando esas partes del cuerpo que van relajando. Los músculos se relajan siguiendo más o menos el siguiente orden:

  • Apretar bien las manos.
  • Doblar los brazos en arco en dirección a los hombros para tensar los brazos.
  • Estirar las piernas como si quisieras tocar lo que tienes enfrente de ti.
  • Apretar firmemente los labios uno contra otro.
  • Cerrar los ojos fuertemente.
  • Empujar el estómago hacia arriba.
  • Coger aire profundamente, llenar los pulmones, retenerlo.

Es importante presentar las instrucciones de relajación, despacio, con voz monótona, y con pocos cambios en la inflexión de la voz. Una secuencia típica de instrucciones podría ser:

“Haz un puño con cada mano, muy bien, mantenlas apretadas tanto como te sea posible, cuenta hasta diez tensando cada vez más, y luego sueltas ¡suelta! Y siente lo bien que se está, nota cómo se fue relajando, estate unos segundos fijándote en lo que notas cuando estás relajado. Ahora otra vez, vuelve a cerrar los puños, mantenlos fuertemente cerrados, cuenta hasta diez, 1, 2, 3, fuerte, 4, 5, 6, más fuerte, 7, 8, tan fuerte como puedas, 9, 10. ¡Suelta!, deja tus puños abrirse muy despacio, déjate ir, suelta y cuenta al revés hasta cero, 9, 8, 7, fijándote cómo va desapareciendo la tensión, 6, 5, 4, siente lo agradable que es esto, 3, 2, 1, relájate y 0. Fíjate lo que notas cuando estas relajado.” 

Fase II: relajando

Se pasa a la segunda fase del entrenamiento en la relajación cuando se comprueba que el niño ha aprendido a relajarse tal y como anteriormente se ha descrito. En esta fase se le instruye para que relaje sus músculos sin la secuencia de tensar – relajar. De nuevo se empieza por los puños para seguir con la secuencia de manos, piernas, labios, ojos, estómago y pecho. Por ejemplo, se le puede decir: “Relaja tus manos. Fíjate en lo a gusto que se está. Siente cómo se relajan tus manos, en el cosquilleo que notas, lo agradable que es.”

También se podría decir lo siguiente: “Voy a contar al revés de 10 a 0, con cada número que diga vas a intentar estar cada vez más y más relajado como la pequeña y bonita tortuga”. Se pueden utilizar también escenas agradables en imaginación mientras que va soltando los músculos, por ejemplo, “Imagínate que te estás comiendo un helado, muy rico”, “que estás tumbado en un prado verde, con la hierba muy suave y fresquita, y hace un sol muy bueno…” Está demostrado que imaginar este tipo de escenas aumenta la relajación de los niños.

El entrenamiento en relajación dura de una o dos semanas completas. El criterio para pasar a la siguiente fase del programa es el grado de relajación de los músculos junto con un juicio subjetivo.

Al finalizar el tratamiento de relajación los niños han de ser capaces de dar la respuesta de la tortuga y asumir inmediatamente la posición de relajación.