Está demostrado que el ajedrez contribuye de modo decisivo en la modelación y consecución de conductas positivas en niños en edad escolar.

Algunos efectos derivados de la práctica del juego del ajedrez son:

Estimula la MEMORIA y la CAPACIDAD DE ATENCIÓN

Durante la partida, el ajedrecista ha de recordar posiciones ya aprendidas y aplicar el modelo ya conocido en un tiempo pasado al momento actual. Igualmente, el jugador ha de esforzarse por estar atento durante todo el juego, ya que cualquier descuido le puede suponer la pérdida de la partida. La práctica regular del juego ayuda a estimular la capacidad de atención de los alumnos.

Desarrolla el CONCEPTO ÉTICO

El ajedrez es un juego de reglas, de normas. Para jugar una partida es necesario observarlas y respetarlas, y su mera infracción ya de por sí produce rechazo en los jugadores. Cuando el niño/a está entre los 7 y los 12 años, es cuando desarrolla una moral autónoma, cuando tiene capacidad para discernir entre el bien y el mal conforme a lo que ha aprendido. El ajedrez es una práctica que favorece, indirectamente, el sentido de la ética y de la justicia.